El libro de

APOCALIPSIS

¡por fin descifrado!

 

por Herbert W. Armstrong

Por fin han sido reveladas las profecías del libro de Apocalipsis. Las predicciones que por tantos siglos permanecieron cerradas y selladas, están ahora puestas al descubierto. Presentamos aquí una vívida y sorprendente revelación de los catastróficos sucesos que muy pronto culminarán en ¡el final de esta era!

 

EL PLAZO que Dios había fijado ¡se ha cumplido! Por fin, el libro más misterioso y fascinante, pero nunca antes comprendido, el Apocalipsis, ¡ha sido descifrado!

     Por medio de este libro, hasta ahora sellado, el Eterno Dios revela no solamente el maravilloso mundo de PAZ, de ABUNDANCIA, de FELICIDAD y GOZO que pronto se hará realidad durante la generación actual, ¡sino también las aterradoras catástrofes mundiales que, como preludio a todo ello, el mundo presente está atrayendo sobre sí mismo!

     La ciencia, la tecnología y la industria están desarrollando, en cantidades cada vez mayores, pavorosas armas de destrucción masiva. ¡Ya tenemos a nuestro alcance los medios para extinguir toda la vida humana de sobre la faz de la Tierra!

     Mientras tanto, la inmoralidad, el crimen, la violencia, la pobreza, la enfermedad y el hambre acosan al hombre a un ritmo cada vez más vertiginoso. Sin embargo, existe un Dios vivo, un Dios de amor, misericordia, compasión, sabiduría y justicia, un Dios que está llevando a cabo un PROPÓSITO trascendental, quien dotado de PODER SUPREMO pronto va a intervenir y, POR LA FUERZA, salvar a la humanidad de sí misma. De hecho, si Él no existiera, entonces el inminente fin del mundo vendría a ser también ¡EL FIN DE LA VIDA HUMANA!

     Pero, felizmente, ¡Dios VIVE! Él se fija en las condiciones mundiales y está al tanto de la grave situación que está amenazando a la humanidad, la cual se encuentra actualmente presa en la trampa de su propia creación… ¡totalmente incapaz de evitar el fatal destino hacia el cual se dirige a toda velocidad!

 

¿Qué ocurrirá primero?

 

     Pero este feliz MUNDO DE MAÑANA, bajo el gobierno de Dios Todopoderoso, ¡no vendrá hasta que los hombres hayamos llegado a estar literalmente con la soga al cuello! No vendrá hasta que el hombre haya demostrado sin duda alguna que él es totalmente incapaz de gobernarse a sí mismo, no hasta que haya aprovechado ¡su última oportunidad!

     ¡Ya es tiempo de advertir al mundo!

     Los conflictos entre las principales potencias nucleares, las tensiones internacionales que se agravan a diario, el desenfrenado aumento en el crimen, la violencia racial y la violencia de toda índole, ¡se están combinando para arrojar al mundo en un holocausto de destrucción y muerte cual no lo ha habido antes, ni lo habrá después!

     El Dios Creador conoce la naturaleza humana y su FINAL inevitable. Desde este momento en adelante, cada paso gigantesco en los sucesos mundiales está ilustrado en las profecías de Dios.

     Ha llegado el tiempo, conforme al plan divino, de abrir al entendimiento humano las terribles profecías del libro de Apocalipsis. Hoy en día la solemne advertencia del Todopoderoso está siendo pregonada, para testimonio, alrededor del mundo. Que atienda el lector la advertencia, en tanto que tiene la ocasión, y anote bien esta verdad:

     ¡USTED NO TIENE POR QUE SUFRIR CALAMIDAD ALGUNA! ¡Usted puede, si atiende y obedece a Dios, ser tenido por digno de escapar de todas estas cosas que ciertamente sucederán!

 

Estos no son tiempos normales

 

     ¡Ya es hora de despertar! Estos no son tiempos normales. Después de casi 6.000 años de comparativa quietud, a partir del año de 1.914 el mundo entero súbitamente hizo erupción, y trepidante violencia conmovió a toda la tierra; pero no hemos visto nada, en comparación a lo que pronto sucederá.

     En poco tiempo, el conocimiento ha aumentado en gran manera. Los progresos científicos y tecnológicos no tienen paralelo; estos han dado lugar a comunicaciones instantáneas, transportes increíblemente rápidos y a pavorosas invenciones capaces de destruirlo todo. El hombre ha aprendido por fin el secreto del átomo y con esto ha aprendido a disociar poderes, fuerzas y energías de la naturaleza que son capaces de eliminar todo lo que tiene vida sobre este planeta.

     Al mismo tiempo, el Omnipotente Dios está revelando nuevos conocimientos. Ciertos misterios de Dios, nunca antes conocidos ni entendidos por el hombre, han sido revelados ahora a los verdaderos siervos del Todopoderoso.

 

¿Qué significa todo eso?

 

     Todo eso significa que aquí sobre la Tierra, se está efectuando un propósito y que ha llegado el tiempo de que el Eterno, el Creador y Gobernador del universo, nos revele con toda exactitud, cómo, a partir de ahora, los sucesos del mundo cumplirán la tremenda consumación de ese propósito divino. El mundo entero está ahora en agitación, con terribles convulsiones que no son sino el preludio de los más formidables acontecimientos de la historia humana.

     Ahora nos encontramos precisamente en la crisis del fin de lo que la Biblia llama "el presente siglo malo" (Gálatas 1.4).

 

Una tercera parte de la Biblia es profecía

 

     Aproximadamente una tercera parte de la Biblia está dedicada a la profecía. El contenido de muchos libros de las Sagradas Escrituras, especialmente del Antiguo Testamento - Isaías, Jeremías, Ezequiel y otros, incluso los de los llamados profetas "menores" - es casi exclusivamente PROFÉTICO.

     Se da cuenta usted de que la IGLESIA de Jesucristo está de hecho edificada sobre el FUNDAMENTO mismo de estos PROFETAS y sus escritos proféticos? Encontramos tal declaración en Efesios 2.20.

     Pero el panorama general de todas las profecías se encuentra en dos libros proféticos, uno del Antiguo y otro del Nuevo Testamento, a saber: Daniel y el Apocalipsis. Sólo en el libro de Apocalipsis encontramos en ORDEN CRONOLÓGICO y de un modo correlativo, acontecimientos que, al ser descritos por otros profetas, no parecen tener relación entre sí.

     Mientras que el libro de Apocalipsis es en sí como una CLAVE vital que da acceso a una gran porción de las otras profecías, se requieren ciertas claves adicionales para entender propiamente este singular volumen.

     Una clave importante es reconocer que en el Apocalipsis hay una narración que va coordinando uno con otro los acontecimientos futuros en orden cronológico, con insertos ocasionales inyectados en la ilación de la historia.

     Analicemos ahora este libro que a muchos les parece el más misterioso e insondable de todos los libros proféticos. Nada pudiera ser más inquietante, y ¡nada en este mundo tan agitado y trastornado, pudiera ser MÁS IMPORTANTE! El libro de Apocalipsis describe precisamente la hora crítica en que vivimos, y ¡descorre la cortina que cubre el futuro!

 

Una profecía sellada

 

     El Apocalipsis fue dado como un libro místico y cerrado, que tenía forma de un rollo sellado con siete sellos. Asimismo, algunas de las profecías reveladas a Daniel y escritas de su puño y letra, estuvieron también cerradas y selladas hasta este preciso tiempo de CRISIS MUNDIAL que precede a la consumación de esta era.

     Daniel escribió al final de su libro: "Y yo oí, mas no entendí". Es decir, él pudo oír lo que el ángel le estaba revelando, y lo escribió en el libro que lleva su nombre, pero no pudo descifrar el significado de las profecías que bajo inspiración escribió. El ángel le dijo a Daniel: "CIERRA las palabras y SELLA el libro hasta el tiempo del fin. Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará" (Daniel 12.4).

     Así como las profecías de Daniel estuvieron CERRADAS y SELLADAS hasta el tiempo del fin - la actual crisis mundial del fin, este tiempo de transportes rápidos en que los hombres corren de aquí para allá, este tiempo en que la ciencia ha aumentado - así también las profecías del libro de Apocalipsis permanecieron selladas hasta hoy.

     Sí, durante muchos siglos estuvieron ocultas bajo siete sellos, según lo veremos más adelante.

     Pero es menester que nos demos cuenta de que estamos viviendo ya en el dinámico, terrible y agitado "TIEMPO DEL FIN"; ¡se acerca la crisis mundial de la CONSUMACIÓN de la presente era! Las profecías y misterios de Dios, hasta ahora sellados, han sido REVELADOS en la actualidad a los que Dios ha escogido para pregonar su último mensaje al mundo, para testimonio. Jesucristo, cabeza de su Iglesia, es el REVELADOR; es Cristo quien ha descubierto estos misterios a sus siervos.

     ¡Ha llegado el tiempo para que los siervos de Dios le den a conocer a USTED estas tremendas profecías del libro de Apocalipsis!

     Examinemos pues, este libro. Preparémonos para considerar directamente el primer capítulo, empezando desde el primer versículo de este emocionante volumen. Veamos lo que realmente dice. ¡Le aseguramos que le esperan muchas SORPRESAS!

 

La revelación de Jesucristo

 

     El preámbulo dice así: "La revelación de Jesucristo… para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto".

     La palabra ‘Apocalipsis’, la cual no es castellana sino griega, significa REVELACIÓN, no enigma, secreto ni escondrijo. Sin embargo, la profecía concerniente a ciertos acontecimientos que pronto tendrán lugar en el mundo, la cual se encuentra en el libro que lleva por título "Apocalipsis", fue sellada con siete sellos, de manera que absolutamente NADIE, excepto Jesucristo, fue hallado digno de quitar los sellos y REVELAR el significado de las profecías.

     Notemos ahora que fue Dios quien dio estas profecías a Cristo. Los primeros tres versículos forman la introducción; leámoslos:

     "La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan, que ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto. Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca" (Apocalipsis 1.1-3).

     Notemos que fue DIOS EL PADRE quien DIO ORIGEN a la profecía. Esta es la revelación, no el encubrimiento, sino la EXPLICACIÓN, el descubrimiento que Jesucristo hace del libro que Dios Padre le dio sellado.

     Cristo, el Verbo o VOCERO de Dios, nos dice claramente en Juan 12.49 y en otros pasajes, que Él nada habló de sí mismo, sino solamente lo que el Padre le encomendó que dijese. Cristo es el Verbo. Cristo es el REVELADOR.

 

Juan no es el revelador

 

     Oímos la expresión tan común: "Juan el Revelador", pero como ya hemos visto, esta es la revelación de Jesucristo. Es Cristo, no Juan, el que hace la explicación. Esto mismo es otra clave vital para entender el contenido de este libro. Así pues, dicha revelación se originó en Dios el Padre, quien se la dio a Cristo, el cual a su vez la envió y declaró por medio de su ángel, a su siervo Juan. Por consiguiente, Juan fue únicamente un siervo quien dio testimonio escrito de esa revelación. Él fue simplemente el secretario o estenógrafo, Por así decirlo, pero no el revelador.

     Ahora, tomemos nota de que Juan testificó por escrito acerca de tres cosas: 1) la palabra de Dios; 2) el testimonio de Jesucristo; y 3) todas las cosas que vio.

     Por lo tanto, el libro de Apocalipsis, como toda la Escritura, es simplemente la palabra de Dios; pero parte del mismo comprende las declaraciones directas de Jesucristo, o sea la transcripción textual de sus dichos. Luego Juan escribió las cosas que vio, en VISIÓN, o como la Biblia lo expresa: "en el ESPÍRITU". Casi toda la profecía del libro está comprendida en las cosas que Juan vio en VISIÓN, y la mayoría de estas son SÍMBOLOS.

     Luego encontramos en el tercer versículo, la siguiente declaración: "Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca".

     Una bienaventuranza o BENDICIÓN es pronunciada a quien lea estas palabras… ¡siempre y cuando sea sumiso y obediente para GUARDAR las ordenanzas incluidas en dicho mensaje!

     La bella salutación empieza en el versículo 4 y continúa hasta el final del capítulo primero. La clave dominante del libro, es decir su tema Principal, aparece exactamente a la mitad del primer capítulo, en el versículo décimo.

 

El tema del libro

 

     ¡He aquí el versículo clave, el cual declara el tema de la revelación entera! Y es aquí, precisamente, donde muchos empiezan a tropezar y a malentender.

     El tema es EL DÍA DEL SEÑOR; leámoslo: "Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta" (versículo 10).

     Por no entenderse bien el citado versículo, se han suscitado interminables controversias, trayendo por ende gran confusión, ya que aseguran algunos que el DÍA de la semana en que Juan ESCRIBIÓ este mensaje era sábado, y otros afirman que era domingo, ignorando que Juan ¡no se estaba refiriendo a NINGÚN día de la semana!

     El día en que Juan se puso a escribir la revelación, si es que pudo haber escrito todo en un sólo día, carece de importancia, puesto que este versículo no se refiere a eso en lo absoluto, sino al período profético llamado en más de 30 profecías el grande y terrible "DÍA DEL SEÑOR".

     Este hecho es confirmado por el comentarista y experto en el idioma griego Adolf Diessmann, quien escribió que tanto la gramática como el contexto indican que "el `día del Señor’ aquí se refiere al día de Yavéh: el día del juicio" (Encyclopædia Bíblica, artículo "Día del Señor"). El erudito J.F.A. Hort, especialista en la crítica textual del Nuevo Testamento, apoya este mismo concepto, confirmando que es el que "mejor concuerda con el contexto" y que "revela el tema del libro" (The Apocalypse, páginas 15-16).

     En Espíritu - en VISIÓN - Juan fue transportado hacia el futuro, fue proyectado hacia el día del Señor, tiempo que está ya casi por iniciarse. Juan pudo ver, con casi 1.900 años de anticipación, lo que ocurrirá durante la presente generación.

     El profeta Joel describe el día del Señor como el terrible período en que Dios enviará DESTRUCCIÓN sobre las inicuas naciones del mundo. Sofonías lo llama el día de la IRA de Dios. Se menciona a lo largo del libro de Apocalipsis para señalar la hora en que Dios Todopoderoso aparecerá en escena, cuando de una manera sobrenatural INTERVENDRÁ en la diabólica y destructiva contienda que prevalece entre los hombres, ¡enviando sus PLAGAS para castigar a los pecadores! Es el período que sigue inmediatamente después de la gran tribulación y que CULMINARÁ en la GLORIOSA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO.

 

Una revelación para nuestros días

 

     Así, en el Espíritu, es decir en VISIÓN, cuando a Juan le fue mostrada la profecía - "las cosas que él vio" - fue proyectado hacia la época ACTUAL y el futuro inmediato. Lo mismo ocurrió al profeta Ezequiel, según quedó consignado en el capítulo 8, versículo 3 del libro del mismo nombre: "Y aquella figura extendió la mano, y me tomó por las guedejas de mi cabeza; y el Espíritu me alzó entre el cielo y la tierra, y me llevó en visiones de Dios a Jerusalén…"

     En efecto, Ezequiel no fue llevado a Jerusalén, sino que el ESPIRITU lo elevó, transportándolo por medio de una VISIÓN a la Ciudad Santa. De la misma manera Juan, en Espíritu, fue transportado para que viese, en visión, los eventos que habrían de ocurrir en el DÍA DEL SEÑOR, sucesos que están empezando a efectuarse ya sobre la Tierra y que usted y yo presenciaremos.

     Esta visión es VITAL. El escenario de la profecía no es la Edad Media, sino el presente caótico en el cual vivimos. Es pues imperativo que comprendamos el mensaje profético que encierra. ¡Que Dios nos ayude a entender!

     El verdadero propósito de este libro es mostrarnos a los de esta generación los acontecimientos del día del Señor, los cuales sacudirán al mundo en un futuro ya casi inmediato. Ese será el tiempo de la ejecución de los juicios de Dios, al final de esta era, los cuales culminarán en LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO, y el feliz y pacífico MUNDO DE MAÑANA.

     Hemos tomado bastante tiempo en explicar esta salutación y preámbulo, porque es la CLAVE y el TEMA de toda la profecía. Es muy importante orientarnos primero para fijar correctamente los CIMIENTOS.

 

El mensaje a las iglesias

 

     El primer mensaje del libro figura en los capítulos segundo y tercero, el cual es enviado a las siete iglesias. En realidad son siete mensajes PROCEDENTES DIRECTAMENTE DE JESUCRISTO, los cuales contienen el TESTIMONIO patente de Él. Aquí, Cristo se vale de la condición espiritual que en efecto prevalecía en siete iglesias que existían entonces en Asia Menor, para PROFETIZAR la condición espiritual y las obras que habría de realizar la verdadera Iglesia de Dios, en el cumplimiento de la gran comisión dada por Él, durante SIETE PERIODOS SUCESIVOS desde su fundación hasta el fin de esta era y la segunda venida de Cristo.

     Los hombres jamás han comprendido el significado de estos mensajes, por cuanto no han sabido a quiénes fueron dirigidos. Estos mensajes no son para las grandes iglesias, con sus sectas y divisiones, que PROFESAN ser cristianas; antes bien, son mensajes de Cristo, cabeza viviente de su Iglesia, a su VERDADERA CONGREGACIÓN, la cual habría de tener siete etapas sucesivas a partir de su origen en el año 31 de nuestra era, hasta una época que aún pertenece al futuro. Puesto que con una sola excepción, estos mensajes no contienen profecías acerca de las condiciones presentes ni futuras del mundo, pasaremos por alto estos dos capítulos en el presente folleto.

     Ahora pasemos rápidamente a los capítulos cuarto y quinto, donde encontramos el PRELUDIO de las profecías más importantes del libro.

 

Se instala el escenario

 

     Juan se encontraba en la isla de Patmos, en el mar Mediterráneo; pero en su visión, aparece como transportado al cielo, al trono mismo de Dios.

     En la visión, mira a Dios el Padre sentado sobre su trono. Delante del solio están los cuatro seres vivientes y los 24 ancianos. En medio de ellos, de pie frente al asiento real del Padre, está Jesucristo. El libro de la profecía se halla en la mano derecha del Padre.

     Leamos la descripción literal del cuadro anterior: "Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas. Y al instante yo estaba en el Espíritu; y he aquí, un trono establecido en el cielo, y en el trono, uno sentado" (Apocalipsis 4.1-2).

     Los versículos restantes del capítulo cuarto describen la escena celeste que Juan contempló en visión. Alrededor del trono estaban los 24 ancianos, sentados sobre 24 tronos pequeños, envueltos en vestiduras blancas, con coronas de oro sobre sus cabezas. A cada lado del trono estaban cuatro seres vivientes, todos adorando al Dios Todopoderoso sentado sobre su trono.

     ¡He aquí una revelación de lo que tiene lugar en el trono mismo del Gobernador del universo! He aquí un vislumbre de la sede gubernamental del universo entero.

     Ahora llegamos al importantísimo capítulo quinto del Apocalipsis. El versículo Primero dice: "Y vi en la mano derecha del que estaba sentado en el trono un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos".

 

Un libro misterioso

 

     He aquí el verdadero libro de la profecía. Es muy significativo que tan enigmático libro se encontrara en la diestra de Dios. También debemos aclarar que este no era igual a los libros que usamos hoy en día, con muchas páginas encuadernadas y unidas, sino un largo pergamino o rollo escrito por ambos lados, enrollado y sellado con siete sellos. Ese número es significativo: siete es el número que Dios usa para denotar perfección o calidad de completo. En consecuencia, este libro profético estaba sellado de una manera completa y perfecta, cerrado de tal manera que no podía ser visto o leído… ni mucho menos entendido.

     El citado libro vino originalmente de Dios el Padre, y permanecía sellado tal como vino de Él. Es muy importante notar que los siete sellos abarcan toda la profecía del libro.

     Su significado estaba completamente sellado y oculto. Notemos ahora lo que dicen los versículos 2 y 3 del citado capítulo 5: "Y vi a un ángel fuerte que pregonaba a gran voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos? Y ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro, ni aun mirarlo".

     Recuérdese bien esas palabras.

     ¡La profecía aparece SELLADA! NADIE es digno o capaz de descubrirla o REVELARLA de manera que podamos leer su verdadero significado.

     ¿Por qué no han leído los hombres esa declaración tan clara y simple? Ningún ser humano Puede explicar el significado de esta gran profecía. ¡Está completa y perfectamente SELLADA! ¿Por qué entonces los hombres han intentado decirle al público que ellos pueden leer y revelar tan maravillosa y sorprendente profecía?

     Juan no es el revelador. Esta no es la revelación de Juan, ni de ningún modernista, ni de ningún líder eclesiástico, ni tampoco de secta o denominación religiosa alguna. Para todos ellos sigue aún ¡SELLADA!

     Pero, pongamos más atención, porque aquí viene la LLAVE que abre las puertas del entendimiento: "Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos" (versículo 5).

 

¿Quién abriría el libro?

 

     ¡He ahí la clave del enigma! El león de la tribu de Judá, la raíz de David, es JESUCRISTO. Ningún HOMBRE puede interpretar esta profecía de tanta trascendencia; sólo Jesucristo, el Hijo de Dios, quien en la escena está de pie ante el trono de Dios el Padre, es digno de abrir estos sellos y REVELARNOS su significado.

     Esta no es la interpretación del que escribe este folleto, sino que es ¡la revelación de JESUCRISTO!

     Jesús es el Revelador, no Juan ni ningún dirigente eclesiástico, ni secta u organización religiosa alguna. Esta es la revelación de JESUCRISTO que el Padre le dio a ÉL! Ahora sigamos leyendo: "Y vino, y tomó el libro de la mano derecha del que estaba sentado en el trono" (versículo 7).

     Nos acercamos ahora a la CLAVE que descorrerá el velo que cubre esta misteriosa profecía, la cual ha confundido a todas las iglesias de este mundo durante casi 1.900 años. Cristo es el único capaz de aclarar esta, la mas grande de todas las profecías concernientes a los ACONTECIMIENTOS DEL MUNDO DE HOY y a los tremendos cataclismos que tendrán lugar en los años inmediatos.

     Pero antes que lleguemos al capítulo sexto, donde veremos lo que efectivamente aparece escrito en este libro misterioso, conforme Cristo va desatando uno a uno sus sellos, notemos lo siguiente: "Y cantaban un cántico nuevo, diciendo: ¡Digno eres tú de tomar el libro, y de abrir sus sellos; porque fuiste inmolado, y has adquirido para Dios con tu misma sangre, hombres de toda tribu, y lengua, y pueblo y nación; y los has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes; y reinarán sobre la tierra!" (Apocalipsis 5.9-10, Versión Moderna).

     Sí, la visión aparece en el cielo, pero escenifica ACONTECIMIENTOS que han de ocurrir en la TIERRA. Aquellos seres entonaban un canto glorioso, diciendo que los redimidos por Cristo habrán de gobernar y de REINAR CON ÉL. Ministrarán como reyes y sacerdotes para salvar a las gentes. ¿Dónde? ¿En el cielo? ¡No! Leamos con toda atención la parte final del versículo diez: "y reinarán SOBRE LA TIERRA".

     Cristo dijo en Juan 14.3: "Y si me fuere", y en efecto Él se fue al cielo a la diestra del trono de Dios el Padre. Pero hizo además una solemne promesa: "VENDRÉ OTRA VEZ". Cristo vendrá OTRA VEZ para gobernar toda la TIERRA como Rey de reyes y Señor de señores. Las últimas palabras de este libro de Apocalipsis son: "El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, VEN, Señor Jesús".

     Llegamos ahora al capítulo sexto del Apocalipsis, la propia revelación.

 

Los siete sellos

 

     Jesús abre los misteriosos sellos uno por uno. Los seis primeros son abiertos en este capítulo sexto. ¿No le parece eso extraño? Muy breve espacio es dedicado a cada uno de estos seis primeros sellos, tan breve que están condensados en un sólo capítulo, a pesar de que le quedan 16 capítulos al libro. Pero como los siete sellos abarcan la profecía entera, comprendida en 17 capítulos, nos quedamos con 16, los cuales se ocupan de describir únicamente los sucesos pertenecientes al séptimo sello.

     Ahora, conforme llegamos a este importante capítulo sexto del libro de Apocalipsis o revelación, recordemos la descripción de la escena y sus personajes. No olvidemos que el libro es una declaración por escrito de las cosas que Juan vio en VISIÓN y que aun cuando en realidad el apóstol se encontraba en una isla del Mediterráneo, aquí sobre nuestro planeta, según la visión, aparece como transportado al cielo mismo donde se encuentra el trono del Eterno. El libro de la profecía en forma de un pergamino enrollado, está en la diestra de Dios el Padre, quien se halla sentado en su trono; Jesucristo, representado aquí como el Cordero de Dios, se ve de pie ante el trono de su Padre.

     Jesucristo, el Revelador, toma ahora el libro profético de la mano derecha de Dios el Padre, y empieza a desatar uno a uno los sellos que cubren la profecía.

     Las porciones proféticas de estos escritos de Juan están contenidas en las cosas que él vio, por medio de una visión. Nótese ahora el primer versículo del capítulo sexto: "Vi cuando el Cordero abrió uno de los sellos, y oí a uno de los cuatro seres vivientes decir como con una voz de trueno: Ven y mira".

     Juan tomó nota, para nosotros, de lo que contempló en la visión. Él vio al Cordero, Jesucristo el Mesías, abriendo el primero de los siete sellos. Los cuatro seres vivientes le invitaron a venir y ver lo que estaba bajo el primer sello: "Y miré, y he aquí un caballo blanco; y el que lo montaba tenía un arco; y le fue dada una corona, y salió venciendo, y para vencer" (versículo 2).

 

La revelación dada en símbolos

 

     Precisamente aquí empieza el verdadero misterio. ¿Qué es este caballo blanco? Es solamente un símbolo, y es importante notar que los símbolos son susceptibles a muy variadas interpretaciones. Las explicaciones que por siglos se han hecho respecto de estos símbolos han sido muy humanas, y por ende, muy erróneas. Este caballo blanco ha recibido las más variadas interpretaciones.

     Continuemos leyendo: "Cuando abrió el segundo sello, oí al segundo ser viviente, que decía: Ven y mira. Y salió otro caballo, bermejo; y al que lo montaba le fue dado poder de quitar de la tierra la paz, y que se matasen unos a otros; y se le dio una gran espada".

     "Cuando abrió el tercer sello, oí al tercer ser viviente, que decía: Ven y mira. Y miré, y he aquí un caballo negro; y el que lo montaba tenía una balanza en la mano. Y oí una voz de en medio de los cuatro seres vivientes, que decía: Dos libras de trigo por un denario, y seis libras de cebada por un denario; pero no dañes el aceite ni el vino".

     "Cuando abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto ser viviente, que decía: Ven y mira. Miré, y he aquí un caballo amarillo, y el que lo montaba tenía por nombre Muerte, y el Hades le seguía; y le fue dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad, y con las fieras de la tierra" (versículos 3-8). Esos son los famosos cuatro jinetes del Apocalipsis.

     Repetimos que Apocalipsis no es una voz castellana, sino griega. El apóstol Juan escribió este libro de revelación en griego. La citada palabra Apocalipsis, traducida al castellano, simplemente significa ‘revelación’ (véase el diccionario Pequeño Larousse Ilustrado, parte histórica). Así que, los cuatro jinetes del Apocalipsis son sencillamente cuatro símbolos proféticos del libro de revelación.

     Pero, ¿quiénes son estos místicos jinetes? ¿Qué representan estos símbolos? ¿Quién tiene la interpretación correcta? La verdad es que ningún hombre ni organización de hombres, ya sea religiosa o de cualquier otra índole, tiene poder alguno para revelar este significado. Solamente JESUCRISTO fue hallado digno de descifrar la escritura simbólica perfectamente guardada bajo aquellos enigmáticos sellos. ¡Jesucristo es el Revelador!

     Cuando Cristo, según la visión de Juan, desató los cuatro primeros sellos que lacraban este pergamino profético, Juan solamente vio lo que, en forma por demás peculiar, apareció escrito allí. La escritura está en SIMBOLOS, y Dios se vale de símbolos para OCULTAR a los hombres el significado de sus propósitos, hasta que Jesucristo mismo lo revela.

     Así que, notemos bien esta situación. En los primeros, ocho versículos del capítulo sexto, encontramos la descripción que dio Jesucristo, la cual revela la extraña escritura trazada en símbolos místicos; pero Cristo, el único Revelador, ¡no explica aquí el significado! Simplemente da a conocer las palabras simbólicas, pero no el significado.

 

La clave de los siete sellos

 

     ¿A quién acudiremos para que nos dé el verdadero significado? La respuesta es obvia. ¡Al verdadero Revelador, por supuesto! Y en virtud de que Cristo, el Revelador, no explica el significado en este mismo pasaje, DEBEMOS BUSCAR EN OTRA PARTE para encontrar cuándo y dónde Jesús explica el sentido de estos símbolos.

     ¡Esa es la clave suprema para entender el libro de Apocalipsis! Eso debiera explicarnos por qué los hombres de este mundo no han podido explicar el verdadero sentido de los cuatro jinetes.

     Ahora tengamos en cuenta dos cosas: primero, Cristo es llamado el Verbo en los primeros versículos del evangelio de Juan, es decir que Él es la Palabra o el Vocero de Dios. Jesús, en persona, hace 1.900 años, era la Palabra de Dios corporal y viviente. Pero hoy en día tenemos la Palabra de Dios escrita: la Santa Biblia. La Biblia entera es la Palabra de Dios. Su divino autor, en realidad, es Jesucristo. ¡La Biblia toda, es su Palabra escrita!

     Segundo: un símbolo es en mucho semejante a una parábola. Un símbolo es una figura o cosa usada para representar otro objeto, mientras una parábola es una experiencia empleada para suscitar el pensamiento de otra cosa, persona o suceso.

     Ahora quiero que nos demos cuenta de un hecho muy importante que la mayoría nunca ha comprendido. ¿Supone usted, como casi todo el mundo, que Jesús habló en parábolas para hacer sus explicaciones más sencillas y claras, a manera de ilustración, para que la gente entendiera mejor lo que quería decir?

     Si así es, está equivocado. Por el contrario, aunque muchos no lo crean, Jesús habló en parábolas para encubrir, para ocultar el verdadero significado de sus palabras a las multitudes que constantemente le seguían. El conocimiento de tal verdad pone en nuestras manos la CLAVE que da acceso a la comprensión de los símbolos del Apocalipsis.

     Así que observemos cuidadosamente lo que dice la Escritura acerca de la parábola del sembrador:

     "Cuando estuvo solo, los que estaban cerca de él con los doce le preguntaron sobre la parábola. Y les dijo: A vosotros os es dado saber el misterio del REINO de Dios; mas a los que están fuera, por parábolas todas las cosas; para que viendo, vean y no perciban; y oyendo, oigan y no entiendan; para que no se conviertan, y les sean perdonados los pecados" (Marcos 4.10-12)… y luego Jesús procedió a explicar a sus discípulos, en lenguaje claro, el significado de la parábola.

     Entendamos bien esto: ¡Jesús se dirigió a la gente en parábolas para encubrir el verdadero significado a quienes Él no había designado para que lo entendieran! Cristo no reveló en aquel momento, ni en aquel lugar, el sentido de la parábola; pero más tarde la explicó a sus discípulos en lenguaje bien claro.

     Exactamente de la misma manera encontramos en este capítulo sexto del Apocalipsis una profecía envuelta en misteriosos SÍMBOLOS que han encubierto el verdadero significado a las generaciones de los últimos 1.900 años aproximadamente. Por lo tanto, si queremos ENTENDERLA realmente, tenemos que hacer lo que hicieron aquellos discípulos: debemos acudir a Jesús, el único y verdadero Revelador. Puesto que ahora su mensaje a nosotros, los de esta era, es la Palabra de Dios escrita, la Biblia, debemos escudriñarla hasta encontrar el pasaje o pasajes donde este mismo Jesús nos explique en lenguaje sencillo los acontecimientos que dichos símbolos representan.

     ¿Se quiere decir con esto que Jesús explicó en lenguaje claro los acontecimientos que habrían de tener lugar al cierre de esta era, al fin de estos turbulentos días de guerras que culminarán con el día del Señor y la segunda venida de Cristo?

     ¡Efectivamente así es! Cuando sus discípulos vinieron a Él al monte de los Olivos, cuando ellos a quienes les era dado entender estos misterios se llegaron a Él "aparte", le preguntaron: "Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?" Jesús dio como respuesta, en lenguaje claro, una sorprendente profecía que describía las condiciones del mundo actual y de nuestro futuro inmediato.

 

 ¿Qué significan los sellos?

 

     Aquí tenemos, pues, la explicación de los símbolos de Apocalipsis 6, la clave que descifra la revelación de los sellos.

     Esta trascendental profecía dada en el monte de los Olivos, está consignada en Mateo 24, Marcos 13 y Lucas 21. En ella Jesús bosquejó, en lenguaje simple y claro, siete cosas que habrían de ocurrir. Aquí Jesucristo, el Revelador, manifiesta el verdadero significado de los siete sellos que cubren toda la profecía del libro.

     Ahora, por medio del evangelio de Mateo, enterémonos de las primeras cuatro etapas de los sucesos que predijo Jesús.

     "Respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán. Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores" (Mateo 24.4-8).

     ¡AQUÍ, EN SÍNTESIS, SE DA UN RESUMEN DE LAS NOTICIAS MUNDIALES DESDE EL AÑO 31 DE NUESTRA ERA HASTA AHORA!

     Nótese este principio consistente: Una vez que se inicie una condición predicha por Jesús, permanece continuamente hasta su segunda venida.

     Es menester que observemos un principio fundamental que se desprende de esta profecía de Mateo 24, y del capítulo sexto del Apocalipsis. Ocurrirán siete acontecimientos sucesivos; por ejemplo, la primera condición que Jesús predice es la de los FALSOS MAESTROS que habrían de extraviar y engañar, no a unos pocos, sino a ¡muchos!

     Tal predicción empezó a cumplirse casi inmediatamente. El apóstol Pablo escribió acerca de ello expresando que ya en esa época el espíritu de iniquidad había empezado a obrar. Y tal espíritu no ha cedido; por el contrario, ha cobrado intensidad de tal manera que ya ha logrado influenciar al mundo entero, el cual, como claramente fue profetizado, habría de ser engañado y extraviado respecto de las verdades de Dios consignadas en la Biblia.

     Como la ignorancia de la Palabra de Dios y sus leyes acarrea guerras, la siguiente condición profetizada fue guerras y rumores de guerra. Ciertamente, en aquellos días hubo guerras, pero en lugar de cesar, estas han ido aumentando progresivamente y cada vez son más terribles y más destructoras, hasta que en la actualidad encaramos el interrogante de si la vida humana puede sobrevivir otra guerra, que de librarse, será con armas nucleares. Sí, como lo afirman las Escrituras con toda veracidad, el pecado y los hombres pecaminosos, van de mal en peor, degenerando y no mejorando, como el hombre quiere creer.

     Jesús clasificó estos cuatro sucesos de la siguiente manera:

     Primero: falsas enseñanzas acerca de Cristo, desvirtuando y derogando su verdadero evangelio.

     Segundo: guerras, que en la crisis del fin de esta era habrían de convertirse en guerras mundiales, nación contra nación y reino contra reino. Estamos ahora en la segunda tregua entre guerras mundiales.

     Tercero: hambres.

     Cuarto: pestilencias o epidemias, que vienen como consecuencia del hambre y la guerra.

     ¡En esto precisamente nos encontramos ahora! Este es solamente el principio de los COLOSALES EVENTOS PROFETIZADOS PARA ESTE SIGLO XX.

     Las dos primeras guerras mundiales ocurrieron ya, y los rumores de guerras persisten por todas partes. Lo que acudirá luego a la tierra, será el hambre, las enfermedades, epidemias y la Tercera Guerra Mundial, ¡todo ello en tan azarosa magnitud, cual este mundo jamás ha soñado ni imaginado siquiera!

     Pero comparemos ahora lo anterior con los primeros cuatro sellos en el capítulo sexto del Apocalipsis. Aquí está La propia revelación de Jesús, explicando en lenguaje claro lo que representan los místicos cuatro jinetes.

 

La sorprendente comparación

 

     El primero fue un caballo blanco. Muchos, según sus interpretaciones humanas, se han basado en el capítulo 19 del Apocalipsis, donde encontramos la descripción del glorioso retorno de Cristo sobre un caballo blanco, y han cometido el grave error de afirmar que este primer sello ilustra también la segunda venida de Cristo, en virtud de que se menciona un caballo de albo color. Pero la revelación de Cristo indica que el caballo del primer sello escenifica exactamente lo contrario: representa a los que predican un Cristo falso, diferente del Cristo del Nuevo Testamento. ¡Se refiere a esta GRAN IMPOSTURA que ha descendido como negra nube sobre la Tierra para ocultar a los hombres la gloriosa verdad de Dios!

     Todas las guerras, no importa su magnitud, son el resultado de la transgresión de la suprema ley espiritual de Dios, la cual Jesús vivió y predicó. La falsa enseñanza que rechaza la LEY y el GOBIERNO de Dios, y respalda o sanciona los caminos y maneras de obrar de los hombres, conduce inevitablemente a la GUERRA; estas son cada vez más temibles y colosales, hasta el grado que ahora es de preguntarse si el mundo podría sobrevivir a otra guerra, si Dios Todopoderoso no interviniese de una manera sobrenatural para evitar el cosmocidio.

     El segundo sello describe un caballo rojo - color de sangre - y su jinete; como Jesús lo revela, este representa la GUERRA. "Y salió otro caballo, bermejo; y al que lo montaba le fue dado poder de quitar de la tierra la paz, y que se matasen unos a otros; y se le dio una gran espada" (Apocalipsis 6.4).

     El tercer caballo representa el HAMBRE: "Cuando abrió el tercer sello, oí al tercer ser viviente, que decía: Ven y mira. Y miré, y he aquí un caballo negro; y el que lo montaba tenía una balanza en la mano. Y oí una voz en medio de los cuatro seres vivientes, que decía: Dos libras de trigo por un denario, y seis libras de cebada por un denario; pero no dañes el aceite ni el vino" (Apocalipsis 6.5-6).

     Y cuarto, como secuela de la ola de hambre, surgirán terribles ENFERMEDADES EPIDÉMICAS: "Miré, y he aquí un caballo amarillo, y el que lo montaba tenía por nombre Muerte, y el Hades [el sepulcro] le seguía; y le fue dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad, y con las fieras de la tierra" (Apocalipsis 6.8).

     He ahí la propia explicación de Cristo acerca de los cuatro misteriosos jinetes. Pero esto nos trae al pavoroso presente. ¡y sólo hemos cubierto el principio de la profecía!

     Vayamos ahora al siguiente acontecimiento, que según la profecía, ¡sacudirá al mundo hasta sus cimientos!

 

La gran tribulación

 

     Literalmente docenas de profecías tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento describen este colosal evento mundial. Para explicar todo lo que en las profecías bíblicas está escrito acerca de ello, se requeriría el espacio completo de muchos artículos.

     Es de vital importancia saber - y estar preparado porque nadie tiene que atemorizarse… ¡si presta atención y busca diligentemente la protección de Dios!

     Regresemos momentáneamente a Mateo 24. Recordemos que estamos ahora en el segundo intermedio o pausa que precede a la próxima guerra mundial. Las hambres y las enfermedades epidémicas han ido aumentando en proporción alarmante durante los últimos años, pero la final y gran hambre mundial, seguida de enfermedades epidémicas, no nos ha azotado aún. Estos sucesos nos trajeron al versículo 8. Estamos ya empezando a experimentar tales condiciones, pero no hemos alcanzado su furia final. Así que, tomemos nota ahora de lo que fue dicho acerca de todo esto: "Y todo esto será principio de dolores" (Mateo 24.8).

     Sí, aun estas cosas que hemos venido comentando son apenas el PRINCIPIO de dolores… o más propiamente traducido, de angustia o TRIBULACIÓN.

     Sí, cuando la furia del hambre y las enfermedades epidémicas alcance su máximo, todo lo cual indudablemente vendrá como consecuencia de la guerra mundial, entonces se iniciará la tantas veces profetizada GRAN TRIBULACIÓN. Ese es precisamente el siguiente acontecimiento acerca del cual el Omnipotente Dios advierte al mundo.

     Veamos cómo explica Jesús, en lenguaje sencillo, este quinto acontecimiento que sacudirá al mundo: "Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre" (Mateo 24.9).

     Nótese que aquí la Escritura hace mención de dos grupos de personas: "ellos" y "vosotros". En el lenguaje del Nuevo Testamento el pronombre vosotros, a menos que claramente se defina de manera distinta, se refiere a los cristianos verdaderamente convertidos, o a Israel y Judá como naciones, o a todos estos grupos. Si se está hablando espiritual e individualmente, el pronombre "vosotros" se refiere a los que son en verdad hijos engendrados de Dios. Si el contexto está hablando nacionalmente, se refiere a Israel, a Judá, o a ambas.

     En este caso, al comparar este texto con el relato de Marcos (capítulo 13) y de Lucas (capítulo 21) nos damos cuenta del uso dual que se le da al pronombre ‘vosotros’, incluyendo tanto a los cristianos espiritualmente engendrados como a las naciones físicas de Israel.

     Antes de proceder, es importante que tomemos nota de otra clave indispensable para entender casi todas las profecías. Hay dualidad en prácticamente todo lo que se relaciona con el plan de Dios y con el desarrollo de su propósito aquí en la Tierra. Hubo un Antiguo Pacto, y hay ahora un Nuevo Pacto. Esta dualidad ocurre en todo el plan de Dios y ocurre también en las profecías. Por lo general hay un cumplimiento anterior o típico, y luego un cumplimiento final. Por no entender esta clave vital, muchos se equivocan totalmente en sus esfuerzos por comprender o explicar las profecías.

     Esta tribulación de hecho le sobrevino a la nación de Judá, en el sentido preliminar, en el año 70 de nuestra era, pero esa fue solamente la precursora de la gran INVASIÓN NACIONAL y de la CAUTIVIDAD que está por acontecer.

     Este tiempo de tribulación está descrito claramente en Lucas 21.23-24, donde leemos: "Porque habrá grande calamidad en la tierra, e ira sobre este pueblo. Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan".

     El pasaje anterior habla de guerra, de invasión nacional y de cautividad, lo cual en efecto ocurrió a Judá en el año 70 de la era cristiana. Pero eso fue tan sólo el precursor típico. El acontecimiento culminante de esta profecía está todavía por ocurrir, ¡justamente antes de la venida de Cristo!

 

SECUENCIA DE

ACONTECIMIENTOS

en el libro de Apocalipsis

 

LOS SELLOS

 

1

Falsos profetas

 

 

 

 

 

 

2

Guerras