¿Qué significa

"NACER DE NUEVO"?

por Herbert W. Armstrong

 

¿Qué es un cristiano "nacido de nuevo"? Muchas personas, quizá millones, creen sinceramente haber "nacido de nuevo"; sin embargo, no comprenden el verdadero significado de aquellas palabras de Jesucristo

 

 

¿P

OR QUÉ el fariseo Nicodemo no pudo entender cuando Jesús le dijo: "el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios"? (Juan 3.3).

     ¿Por qué la gente hoy sigue sin entender aquellas palabras?

     ¿Cuántos saben que el Evangelio de Jesús fue una noticia sensacional jamás antes proclamada?

 

Jesús trajo una noticia

 

     Los habitantes de Judea conocían, o debían conocer, la profecía de Malaquías al respecto. Era el Evangelio de Dios, y la palabra "evangelio" significa buenas noticias.

     Jesucristo trajo una noticia completamente nueva, nunca antes proclamada a la humanidad. Era la noticia más maravillosa jamás divulgada. Era casi demasiado maravillosa para ser creída. Se trataba del potencial totalmente trascendental del hombre, y era verdad.

     La noticia decía que podríamos nacer de nuevo. Pero casi nadie entiende este concepto.

     ¿Cuántas personas saben hoy que el Evangelio de Jesús era en realidad tan pasmoso, tan increíble, tan sorprendente, que debía haber dejado a sus oyentes totalmente trastornados? Pero no fue así. ¿Por qué?

     ¿Por qué el mundo jamás ha reconocido el Evangelio como la noticia maravillosa que realmente fue?

     Simplemente porque los dirigentes de Judea lo rechazaron con odio y odiaron a Jesucristo por haberlo anunciado. Ellos lograron que la mayoría del pueblo lo rechazara también. Aquella noticia ha sido tan mal representada, torcida y difamada que el mundo entero bajo el engaño lo ha entendido mal. La Biblia dice que todo el mundo, todas las naciones, han sido engañadas respecto al Evangelio.

     El tiempo había llegado, pues, para que se anunciara este mensaje. Ahora ha llegado el momento de que se aclare su verdadero significado para que la gente pueda entenderlo.

     Esta aclaración se hará en el presente folleto que constituirá un reto crucial para quienes lo lean.

     Si usted no comprende cuál fue la noticia anunciada por Jesucristo, jamás entenderá qué significa "nacer de nuevo".

 

¿Cuál era la noticia?

 

     Veamos brevemente cuál era ese mensaje.

     El anuncio previo en la profecía de Malaquías dice así: "He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis [El Mesías], y el ángel del pacto…" (Malaquías 3.1).

    Veamos el principio de la proclamación de aquel mensaje, en el primer capítulo del evangelio según Marcos: "Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Como está escrito en Isaías el profeta…" Enseguida, transcribe la cita de Malaquías y una de Isaías, y después relata cómo Juan el Bautista preparó el camino delante de Jesucristo, el Mensajero.

     Los versículos 14-15 dicen: "Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio". Es decir, creer las buenas noticias.

 

¿Qué es el Reino de Dios?

 

     Todo el mensaje de Jesús, su evangelio, era acerca del Reino de Dios. ¡Pero su predicación fue reprimida durante el primer siglo!

     Pablo escribió así a los cristianos de Galacia: "Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo…" (Gálatas 1.6. Vea también 2 Corintios 11.3-4 y Romanos 1.18).

     El Mensaje enviado por Dios a la humanidad por medio de Jesucristo, su Evangelio de buenas noticias, no fue proclamado al mundo después del año 70 E.C.

     Jesucristo nació para ser Rey, y su mensaje era acerca del Reino de Dios venidero.

     Un reino es a) una nación compuesta de personas, y b) el gobierno de esa nación.

     En algunos casos las personas de una nación son descendientes o hijos de un hombre. La nación de Turquía está compuesta de los descendientes de Esaú, hermano gemelo de Jacob, padre este último de la nación de Israel. Antes de nacer los gemelos, Dios dijo a su madre, Rebeca: "Dos naciones hay en tu seno…" (Génesis 25.23-25).

     Jesús vendría como el "Mensajero del pacto". El "Pacto Antiguo" estableció a los hijos humanos de Israel como una nación o reino de hombres llamado el Reino de Israel. Jesús trajo el mensaje del Pacto Nuevo cuyo propósito es establecer el Reino de Dios, compuesto de los hijos de Dios nacidos del Espíritu.

     Así como el antiguo Reino de Israel estaba compuesto de la familia humana del hombre llamado Israel, ¡también el Reino de Dios estará compuesto de la divina familia de Dios!

     ¿Qué tiene que ver esto con el hecho de "nacer de nuevo"? ¡Tiene que ver mucho!

     El profeta Daniel escribió acerca del Reino de Dios en el segundo capítulo, después de profetizar acerca del Imperio Caldeo (Babilonia), el Imperio Persa, el Imperio Greco-Macedonio con sus cuatro divisiones y el Imperio Romano que hoy está en vías de reconstituirse en él "Sacro Imperio Romano", diciendo: "Y en los días de estos reyes [los Estados Unidos de Europa del futuro] el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido… desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre" (Daniel 2.44). Si este reino ha de permanecer para siempre, tendrá que ser compuesto necesariamente de seres inmortales.

     ¡Será un reino de dominio universal!

     El capítulo 7 de Daniel lo vuelve a demostrar y muestra además la relación con "nacer de nuevo". Los cuatro imperios mundiales de Babilonia hasta Roma y su resurrección futura en Europa son simbolizados por cuatro bestias.

 

Los santos se transforman en inmortales

 

     Versículos 17 y 18: "Estas cuatro grandes bestias son cuatro reyes [reinos] que se levantarán en la tierra. Después recibirán el reino los santos del Altísimo, y poseerán el reino hasta el siglo, eternamente y para siempre". Si lo han de poseer para siempre, los santos tendrán que ser inmortales.

     Entonces la Babilonia resucitada en Europa: "hacía guerra contra los santos, y los vencía, hasta que vino el Anciano de días [Cristo a su regreso] y se dio el juicio a los santos del Altísimo; y llegó el tiempo, y los santos recibieron el reino" (versículos 21 y 22. Vea también el versículo 27).

     La segunda venida de Cristo se describe así: "El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos." (Apocalipsis 11.15).

     Pero a pesar de estos y de muchos otros pasajes semejantes, muchos teólogos engañados desvían a la gente diciendo que el Reino de Dios es la Iglesia, o que "el Reino" es algo espiritual o etéreo en el "corazón del hombre".

     Jesús dijo: "El tiempo se ha cumplido, y el Reino de Dios se ha acercado".

     ¿Qué significa esto? ¿Por qué este mensaje nunca antes había sido proclamado? La respuesta requiere un pequeño repaso histórico.

 

Alguna vez hubo paz en la Tierra

 

     La Biblia reitera una y otra vez que el diablo existe.

     La revelación bíblica demuestra que originalmente la Tierra era un lugar de paz y felicidad, una verdadera utopía. Entonces estaba regida por el gobierno de Dios, el cual será restaurado nuevamente (Hechos 3.20-21) por Cristo cuando regrese a la Tierra con el poder supremo y la gloria de Dios.

     ¿Qué sucedió entonces? ¿Dónde está el gobierno ahora? ¿Por qué no hay paz sobre la Tierra?

     Al principio cuando la Tierra fue creada, los ángeles "se regocijaban" (Job 38.7). Era hermosa y pacífica, y fue poblada no por hombres sino por ángeles bajo el gobierno de Dios. Había un arcángel especial, un querubín llamado Lucero (que significa, dador de luz) uno de los dos querubines cuyas alas se extendían sobre el mismo trono de Dios en el cielo. Lucero estaba bien adiestrado en la administración del gobierno de Dios (Isaías 14.12-14; Ezequiel 28.12-17).

     Dios gobierna por medio de su ley espiritual que está basada en el principio de amor. Primero el amor a Dios, con obediencia y sumisión a Él. Y segundo, amor a sus criaturas, el interés altruista por el bienestar del prójimo. Pero el corazón de Lucero se envaneció a causa de su belleza y grandes conocimientos. Se rebeló contra Dios y organizó a sus ángeles en un ejército para conquistarlo, y así reinar sobre todo el enorme universo. Con ello, el gobierno de Dios se acabó sobre la faz de la Tierra. Y Lucero se eliminó como gobernante de ella. Pero el principio mismo del gobierno de Dios requiere que un gobernante siga desempeñado su puesto mientras llega un sucesor y asume el poder.

     El nombre de Lucero fue cambiado por el de Satanás, el diablo, y sus ángeles se convirtieron en demonios. Como resultado de esta rebelión universal sobre la Tierra, hubo caos y destrucción universales, que golpearon la faz de la Tierra. Dios formó la superficie terrestre de nuevo en seis días (Génesis 1), creando la fauna y la flora, y después al hombre.

 

Cuándo apareció el hombre

 

     Dios creó al hombre a su propia imagen y semejanza, no del espíritu como Él, sino de carne y hueso. El primer hombre, Adán, padre de la raza humana, permitió que la actitud rebelde de Satanás entrara en su corazón y se descalificó así como posible gobernante y sucesor de Satanás.

     Después de que Jesús fue bautizado por Juan (Marcos 1.9-11), tuvo que luchar contra las tentaciones fenomenales del diablo que quiso tentarlo (versículo 12-13; Mateo 4.1-11).

     Jesucristo vino para tomar el lugar de Satanás, restaurar el gobierno de Dios sobre la Tierra y traer de nuevo la paz mundial. Pero así como el primer Adán experimentó la tentación de Satanás y sucumbió a ella, Jesús también debía enfrentar y vencer al diablo.

     Sostuvo esta prueba en las condiciones más difíciles. La resistencia física se le había casi agotado tras 40 días y 40 noches de ayuno. Pero aún dentro de su debilidad física, fue fortalecido espiritualmente.

     Pocos comprenden la tremenda lucha que tuvo lugar ante aquella tentación crucial. Jesús resistió las tentaciones supremas de Satanás, y lo hizo citando las Escrituras y obedeciendo a Dios. Demostró, por la máxima prueba posible, que obedecería las leyes de Dios y administraría fielmente su gobierno. Entonces, totalmente debilitado físicamente, pero con enorme fortaleza espiritual, demostró ser amo y Señor de Satanás dándole orden de apartarse de Él. Satanás, vencido, se escurrió.

     Entonces, (Marcos 1.14) habiéndose habilitado para administrar el gobierno de Dios en la Tierra, Jesús entró en Galilea diciendo: "El tiempo se ha cumplido, y el Reino de Dios se ha acercado" (versículo 15).

 

¿Por qué la noticia era nueva?

 

     ¿Cómo se cumplió el tiempo? ¿Por qué el Reino de Dios se había acercado entonces y no antes?

     Sencillamente porque la maravillosa noticia del Reino de Dios no podía ser anunciada mientras no hubiera un sucesor apto para reemplazar a Satanás como gobernante del mundo.

     ¡Por fin, el Reino de Dios, el gobierno de Dios, en la Tierra, se había acercado! ¡Por fin el sucesor se había asegurado y el tiempo se había cumplido! Aquel que reinaría sobre la Tierra estaba libre ahora para anunciar su gobierno futuro.

 

¿Por qué no se ha establecido el Reino?

 

     Pero Jesús no vino a asumir el Reino inmediatamente por varios motivos:

     1) Dios tenía un plan determinado con una cronología definida. El plan debía realizarse en 7.000 años o "días" mileniales, cuyo "tipo" o "muestra" fueron los 6 primeros días de la creación. Los 6 primeros milenios fueron dados al hombre para que los viviera a su manera (estando bajo la influencia y el engaño de Satanás). A estos seguiría un "sábado" milenial, en el cual Satanás guardará un reposo obligatorio de su obra de engaño de las naciones. ¡Entonces Dios le enseñará a la humanidad su verdad!

     2) Dentro del plan de Dios, Jesús debería primero escoger y enseñar a sus discípulos para convertirlos en apóstoles para que proclamaran las buenas nuevas y sirvieran de fundamento a su Iglesia.

     3) Cristo establecerá un reino mundial sobre todas las naciones de la Tierra, administrado por seres bien adiestrados y experimentados. Los primeros seis mil años de la experiencia humana han demostrado de sobra que el hombre bajo la influencia de Satanás, es completamente incapaz de gobernarse a sí mismo. Los gobiernos humanos jamás han logrado la paz mundial, si bien el hombre aún no quiere reconocerlo así. Los hombres aún luchan y trabajan en vano para obtener la paz. Y esto nos lleva al hecho de "nacer de nuevo".

     Desafortunadamente, el "nacer de nuevo" ha sido mal interpretado y mal entendido. El gobierno de Dios será un gobierno divino, ejercido por los santos convertidos en personas espirituales, ¡nacidos de Dios! Así como todos los nacidos de hombre son seres humanos, los nacidos de Dios serán seres divinos, dotados de inmortalidad. Nacerán dentro del Reino de Dios y lo heredarán.

 

Un reino, una familia

 

     Un reino es una nación compuesta de personas, y también es el gobierno de esa nación. El Reino de Dios está compuesto de la familia de Dios. El ser a quien solemos llamar Dios es el Padre de aquella familia.

     Cristo es un Hijo de Dios, miembro de la divina familia, ¡y también nosotros podemos serlo! Aquella divina familia es el Reino de Dios.

     Existen cinco reinos: el reino vegetal, el reino animal, el reino humano (nosotros no pertenecemos al reino animal por más que se enseñe lo contrario), el reino angelical y el Reino de Dios.

     Dios (Hebreo - Elohim, nombre que significa más de una persona, formando un Dios) dijo: "Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza". Fuimos creados de carne material, pero a imagen de Dios y con una mente en un plano totalmente diferente del cerebro animal. La familia humana fue creada de modo que pudiéramos recibir el Espíritu de Dios y convertirnos en sus hijos. No así los animales.

     Dentro del maravilloso plan de Dios para llevar a cabo un gran propósito aquí en la Tierra, Él ha asignado un lapso que debe transcurrir entre la primera venida de Jesucristo en la carne, y su segunda venida con poder y gloria, llamando a algunos para recibir su Espíritu y ser educados y entrenados espiritualmente mediante su Palabra para luego gobernar con Él cuándo establezca su Reino.

     4) Para que el hombre pudiera reconciliarse con Dios, Jesús también vino con el propósito expreso de morir, para derramar su sangre y cumplir así la pena de muerte por nuestros pecados. Su resurrección de entre los muertos era necesaria para que nosotros pudiéramos recibir la vida eterna.

     5) El plan también requería que Jesús ascendiera al trono de Dios en el cielo (Este es el trono del gobierno de Dios sobre todo el universo.) Para ser nuestro Sumo Sacerdote durante los años de entrenamiento y desarrollo espiritual de los herederos de Dios, quienes administrarán el gobierno de Dios cuando Cristo lo haya establecido aquí sobre las naciones de la Tierra.

     6) Jesús no podía asumir el poder mientras estaba sobre la Tierra en forma humana. Era necesario que regresara al cielo como se explica en la parábola de los talentos (Lucas 19), para allí recibir del Padre la autoridad del Reino de Dios y para ser coronado. La ceremonia de coronación se llevará a cabo ante el trono de Dios en el cielo, antes del regreso de Cristo.

     7) ¡Entonces Él volverá con poder, gloria y autoridad suprema para reinar!

     He aquí los motivos por los cuales Jesús no estableció inmediatamente el Reino de Dios.

     Pero ni siquiera los discípulos podían entender que su reino no debía aparecer inmediatamente.

     ¡La naturaleza humana quiere todo ahora!

 

Por qué los gobernantes judíos odiaron el Mensaje

 

     Los gobernantes judíos en tiempos de Jesucristo también creían que Él hablaba de un gobierno inmediato, que derrocaría al Imperio Romano al cual a la sazón pertenecía Judea como Estado vasallo.

     Nicodemo era un gobernante judío. Era fariseo y los fariseos eran hostiles a Jesús, por su Evangelio. Sin embargo, Nicodemo quiso conocer a este Mensajero sorprendente y hablar con Él. Para evitar las críticas de sus colegas, vino a Jesús de noche.

     "Sabemos que has venido de Dios como maestro" (Juan 3.2).

     La palabra "sabemos" implica que los fariseos conocían la identidad divina del Mensajero y el origen de su mensaje. Pero sus intereses estaban en el presente, y su preocupación era proteger su posición como funcionarios del gobierno romano, no recibir revelaciones de Dios.

     Judea era un Estado vasallo bajo el gobierno romano, y éste era lo bastante avisado para obligar a los dirigentes judíos a administrar la mayoría de los detalles del gobierno, como subalternos de los altos funcionarios romanos. El poderío romano estaba respaldado por fuerzas militares de ocupación, y con este sistema la vida de los subgobernantes era algo muy deseable que ellos querían conservar.

     Jesús captó inmediatamente el significado de las primeras palabras de Nicodemo. Su mensaje era acerca de las buenas nuevas del futuro reino mundial de Dios, es decir el reino y gobierno de Dios.

     Los dirigentes judíos temían el mensaje. Jesús pertenecía a su raza; era judío. Si no se oponían a Él, podrían quedar despojados de su posición y poder, y quizás hasta ser muertos como agentes subversivos deseosos de derrocar el gobierno romano. Los fariseos creían que Jesús proclamaba el derrocamiento inmediato de aquel gobierno.

 

No de esta era

 

     Jesús habló claramente. Se fue directamente al grano diciendo que el Reino de Dios no era de este mundo o era, sino del mundo de mañana, una era distinta del futuro, y que no estaría compuesto de hombres sino de seres inmortales, la familia de Dios.

     Entonces dijo Jesús: "El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios" (Juan 3.3).

     Nótese que "nacer de nuevo" tiene mucho que ver con el Reino de Dios, y con el hecho de que no es de esta era. Y repetimos de nuevo, que el Evangelio de Jesús, su mensaje era el Reino de Dios.

     Pero la declaración repentina de Jesús dejó confuso a Nicodemo. También hoy los líderes religiosos y las sectas cristianas están confundidos y engañados. Sin embargo, hoy aquellas palabras no son interpretadas como las interpretó Nicodemo.

     Nicodemo sí entendía claramente lo que significa nacer. Sabía que nacer es salir del vientre de la madre y entrar al mundo. En cambio los líderes religiosos de hoy le dan otro significado muy distinto. Lo que Nicodemo no podía comprender era cómo alguien pudiera nacer de nuevo. Siendo de mente carnal sólo podía concebir la idea de un nacimiento físico. ¡Pero él sabía lo que significa nacer!

 

¿Un segundo nacimiento humano?

 

     Confundido, Nicodemo preguntó: "¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?" Nicodemo conocía el significado de nacer, pero lo que no podía concebir era un segundo nacimiento humano, y creía que Jesús hablaba de eso, pues su mente no podía captar las cosas espirituales.

     Jesús había dicho que podríamos ver y entrar en el Reino de Dios pero sólo tras haber "nacido de nuevo", lo que no puede ocurrir en tanto que transcurra esta vida física. Luego Jesús pasó al meollo del asunto: que el Reino de Dios no es de esta vida humana actual, de este mundo, ni de este tiempo o era, sino que será de un mundo y de una vida del futuro.

     Jesús lo explicó diciendo: "Lo que es nacido de la carne, carne es: lo que es nacido del Espíritu, espíritu es".

    El hombre ahora está compuesto de carne humana, substancia material. "Polvo eres, y al polvo volverás", le dijo Dios a Adán. Y también: "Entonces, el Eterno Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente" (Génesis 3.19; 2.7).

 

Nacidos de nuevo para ser espíritu

 

     Pero Jesús dijo claramente que cuando hayamos nacido del Espíritu ¡seremos espíritu! Léalo en su propia Biblia.

     El Reino de Dios estará compuesto de seres espirituales, ¡no de seres humanos!

     Al nacer, el ser humano sale del vientre de su madre y entra en este mundo. Al nacer del Espíritu, saldremos de la Iglesia de Dios (física) para entrar en el Reino de Dios (reino de seres espirituales).

     Ahora el hombre está compuesto de carne material. Al nacer de nuevo, será espíritu. Habrá dejado de ser humano. Será un ser espiritual que gozará de vida inherente y sin depender ni de la respiración ni de la circulación sanguínea para mantenerse vivo.

     Jesús dijo, hablando de la otra vida cuando el Reino de Dios gobernará sobre la Tierra: "ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles de Dios en el cielo" (Mateo 22.30). El matrimonio es una unión física. En el Reino de Dios habremos nacido de Dios como seres espirituales. También los ángeles son espíritu (Hebreos 1.7). Jesús no dijo que seríamos ángeles, sino como los ángeles, sin deseos sexuales, y compuestos de espíritu. Los ángeles fueron creados espíritus, pero no fueron engendrados y nacidos de Dios como hijos suyos. Por tanto, ¡nosotros seremos más que los ángeles!

     Jesús explicó aun más: "El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu" (Juan 3.8).

     No podemos ver el viento. Por eso el viento se compara al espíritu, pues es invisible. Por eso la carne mortal no puede ver el Reino de Dios. Quienes hereden el Reino, serán espíritu, y como tal, normalmente invisibles para los hombres.

 

Energía de la bomba atómica

 

     Jesús también comparaba el poder de uno nacido del espíritu con el viento. El Dr. J. Murray, climatólogo del Departamento Meteorológico de los Estados Unidos, ha dicho que la energía de un huracán es mucho mayor que la energía de la bomba atómica que destruyó a Hiroshima. Estoy seguro de que ninguna persona de las que dicen haber "nacido de nuevo" durante su vida física humana puede ejercer un poder semejante. Pero este artículo demostrará que cuando seamos compuestos de espíritu, ¡sí tendremos ese poder!

 

No mientras estemos en la carne

 

     El apóstol Pablo dejó muy en claro que el Reino de Dios es algo que podremos heredar, pero no en esta era, mientras estemos en la carne. Por ahora sólo podemos ser herederos.

     "Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción" (1 Corintios 15.50).

     Ya antes, Pablo había explicado: "El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo [un ser divino, Dios]" (1 Corintios 15.47).

     Esto es lo que Jesús le dijo a Nicodemo. El hombre es humano, carnal, de la tierra, porque ha nacido de la carne. Al nacer del Espíritu, será espiritual.

     Pero no podemos ser espíritu en esta era actual.

     Existe un factor tiempo relacionado con el hecho de nacer de nuevo.

     Sigamos leyendo en 1 Corintios 15: "Cual el terrenal, tales también los terrenales" (versículo 48). Jesús le explicaba esto a Nicodemo al decirle que era carne, nacido de la tierra y terrenal. Y todos somos así. "…y cual el celestial, tales también los celestiales" (mismo versículo). ¿Cuándo será esto para nosotros los seres humanos? ¡No será en esta vida!

     El siguiente versículo dice: "Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial" [en la resurrección] (versículo 49). Así como ahora somos carne, después seremos espíritu, en la resurrección. Es decir que entonces sí "naceremos de nuevo", y podremos ver y entrar en el Reino de Dios.

     "Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción. He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos [moriremos] pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros [los vivos] seremos transformados" (versículos 50-52). Habrá un tiempo cuando podremos ver, heredar y entrar en el Reino. Sólo entonces habremos nacido de nuevo, y no antes.

 

Cómo somos transformados al nacer de nuevo

 

     ¿Cómo seremos transformados? Las siguientes palabras nos dicen: "Porque es necesario que esto corruptible [nuestra carne] se vista de incorrupción [espíritu; lo nacido de Dios es espíritu] y esto mortal se vista de inmortalidad". ¡Ser transformado de carne material en espíritu!

     No podremos ver el Reino de Dios hasta que hayamos nacido de nuevo (Jesús a Nicodemo, Juan 3.5).

     No podremos entrar en el Reino de Dios hasta que seamos transformados en espíritu (Jesús a Nicodemo, Juan 3.6-8).

     Mientras estemos en la carne no podremos heredar el Reino de Dios (Pablo a los Corintios, 1 Corintios 15.50).

     No seremos transformados de carne corruptible a espíritu incorruptible hasta la resurrección cuando Cristo regrese por segunda vez (Pablo, 1 Corintios 15.50-53 y versículos 22-23).

     Por tanto, no podremos ver, heredar ni entrar en el Reino de Dios hasta que se produzca la resurrección. Tampoco podremos nacer de nuevo hasta la resurrección.

 

Aún no lo hemos heredado

 

     En nuestra condición actual de seres humanos carnales, no podemos heredar ni entrar en el Reino de Dios. Veamos ahora la condición en esta vida y en este mundo, de un verdadero cristiano convertido.

     "Si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él" (Romanos 8.9). Si no hemos recibido el Espíritu Santo y si éste no mora en nosotros, no somos verdaderos cristianos. El hecho de pertenecer a una iglesia no nos hace cristianos. Pero sí lo seremos si recibimos el Espíritu de Dios y lo seguimos.

 

Cómo somos engendrados por el Espíritu Santo

 

     Veamos ahora cómo el hecho de recibir el Espíritu Santo que imparte la vida espiritual eterna para luego producir un ser espiritual, se compara con la fecundación del óvulo humano por parte de un espermatozoide. El óvulo fecundado, llamado embrión, aún no es un ser humano nacido. Se le ha impartido la vida del padre, ha sido engendrado pero ni el embrión ni el feto ha nacido aún como persona. Del mismo modo, una persona engendrada del Espíritu no es un ser espiritual todavía, pero sí lo será cuando nazca de nuevo.

     Continuemos: "Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros" (versículo 11).

     Entendamos esto. Hay una comparación directa entre el haber nacido de la carne y el nacer de nuevo de Dios. Jesús dijo que el que nace de la carne, carne es, o sea que es un ser humano. El que nace del Espíritu (Dios) es espíritu, o sea un ser espiritual.

     La vida humana y mortal comienza cuando el padre imparte vida física al óvulo dentro del vientre materno. El padre ha engendrado un hijo. Pero no "da a luz". Esto lo hará más tarde la madre. El padre ha cumplido su parte en el proceso que más tarde culminará con el nacimiento. Pero entra en juego aquí el factor tiempo. En el momento del engendramiento, el parto o nacimiento todavía no ha ocurrido.

     Esta explicación es necesaria porque él "cristianismo" tradicional enseña erróneamente que cuando uno "recibe a Cristo", o "acepta a Cristo" o "tiene un encuentro con Cristo" o recibe el Espíritu Santo de Dios, ya ha "nacido de nuevo".

     Tomemos nota, pues, del proceso físico y su analogía con el espiritual.

 

El factor tiempo

 

     En la reproducción humana existe un factor tiempo. Desde el momento del engendramiento (por parte del padre) o concepción (por parte de la madre) hasta el parto transcurre un lapso de nueve meses.

     Este período se llama la gestación. Una vez fecundado el óvulo, se llama embrión y más tarde feto. Pero durante los nueve meses de gestación no hablamos del embrión-feto como de un ser nacido, pues aún está en la etapa de desarrollo. Es el hijo por nacer, de sus padres. El padre ya lo engendró pero la madre aún no lo ha dado a luz.

     El proceso de "nacer de nuevo" empieza cuando el Espíritu Santo, que procede de la persona misma de Dios, entra a morar en nosotros y nos imparte vida espiritual. Véase nuevamente Romanos 8.11.

     "Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también [transformará en inmortales] vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros." Esto describe lo mismo que 1 Corintios 15.50-53, que habla de la resurrección.

     Esto debe quedar muy en claro, pues millones de cristianos sinceros creen que al aceptar a Cristo o recibir su Espíritu Santo, han "nacido de nuevo". Pero lo que realmente ocurre es lo siguiente:

 

La Iglesia es nuestra madre

 

     Después del arrepentimiento, la fe y el bautismo, recibimos el Espíritu Santo de Dios y éste nos pone o bautiza dentro de la Iglesia de Dios. La Iglesia es llamada el cuerpo de Cristo, como leemos en 1 Corintios 12.13: "Por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo."

     La Iglesia es llamada "Jerusalén la celestial" (Hebreos 12.22-23). Ahora veamos Gálatas 4.26: "Mas la Jerusalén de arriba, la cual es madre de todos nosotros, es libre."

     He aquí la analogía: Cuando somos engendrados por Dios Padre al recibir su Espíritu, entramos en la Iglesia, la cual es nuestra Madre durante el período de gestación.

     La madre humana alimenta al feto con nutrimientos físicos para que se desarrolle y crezca físicamente. También lo lleva en su seno donde mejor puede protegerlo hasta el momento del parto.

     A la Iglesia o madre espiritual se le ordena: "Apacentad la grey" (1 Pedro 5.2), por medio del ministerio que Dios ha establecido en ella, "…a fin de perfeccionar a los santos …para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto…" (Efesios 4.12-13). Así como el feto humano se desarrolla y crece durante el período de gestación anterior al nacimiento, también nosotros, después de ser engendrados por el Espíritu Santo de Dios, nos desarrollamos y crecemos espiritualmente en la etapa previa al nacimiento espiritual.

     Pero la Iglesia no sólo alimenta a los miembros con la Palabra de Dios, que es alimento espiritual, sino que también protege a los hijos concebidos, aún sin nacer, del daño espiritual, como lo demuestra el siguiente versículo: "Para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error…" (Efesios 4.14).

     Entonces en el momento de la resurrección, los miembros de la Iglesia, madre espiritual, serán dados a luz por ella y nacerán dentro del Reino o familia espiritual de Dios.

 

Hijos de Dios ahora

 

     "Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios" (Romanos 8.14). El hijo dentro del vientre es hijo de sus padres aunque no haya nacido todavía. Asimismo, nosotros, si somos guiados por el Espíritu y si éste mora en nosotros, somos hijos engendrados de Dios. Pero por ahora nos encontramos en la etapa de gestación.

     Continuemos: "Y sí hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él [en la resurrección] seamos glorificados" (versículo 17).

     Veamos cómo este pasaje habla de la resurrección a la gloria, cuando naceremos de nuevo como seres espirituales.

     "Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios", es decir, el tiempo del regreso de Cristo y de la resurrección [o nacimiento] a la vida espiritual. "…porque también la creación misma será libertada [nacerá] de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora" (versículos 19-22).

     ¿Podría ser más claro? Veamos la comparación: Seremos liberados de este mundo (la Iglesia está en el mundo, si bien no es del mundo) entrando al glorioso mundo de mañana y al Reino que allí gobernará.

     La creación espera el momento del regreso de Cristo, la resurrección y el Reino de Dios, pues entonces ella será liberada de la esclavitud de la corrupción. Aunque esto no habla directamente de nuestro nacimiento espiritual, sí es una analogía directa con el nacimiento de un niño.

     La resurrección será un verdadero nacimiento. Seremos transformados en seres espirituales, heredaremos el Reino y seremos liberados de la esclavitud de la carne corruptible y de este mundo de pecado.

 

Cristo nació por segunda vez en la resurrección

 

     Continuemos en Romanos 8: "Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él [Jesús] sea el primogénito entre muchos hermanos" (versículo 29).

     Ahora comparemos con Romanos 1.3-4: "Acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne, que fue declarado Hijo de Dios… por la resurrección de entre los muertos."

     Jesús fue descendiente de David en su primer nacimiento, en la carne, y por la resurrección de entre los muertos (nació de nuevo), Hijo de Dios; ya no era ser humano sino espíritu. Así se convirtió en el primero entre muchos hermanos que habían de nacer de nuevo también. Esta será la resurrección de los verdaderos seguidores de Cristo.

     Entendemos, claro está, lo mismo que Pablo, que Jesús era al mismo tiempo Hijo de Dios aun cuando se hallaba en la carne. Aunque nació de madre humana, fue engendrado por Dios. Pero aquí comparamos dos nacimientos: el primero de su madre, María, como descendiente de David, y el segundo por su resurrección a la gloria como Hijo de Dios… y esto también sucederá a nosotros.

     Esto no implica de ninguna manera que Jesús fuera un pecador necesitado de salvación. Él fue el primero, el que nos dio el ejemplo de que también nosotros podremos nacer de Dios.

 

¿Cómo seremos cuando nazcamos de nuevo?

 

     Esta es la respuesta: "Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra [la carne], para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya…" (Filipenses 3.20-21). ¿Cómo es el cuerpo glorioso de Cristo? Sus ojos son como llamas de fuego, y su cara tan brillante como el Sol más fuerte (Apocalipsis 1.14-16).

 

La etapa antes de nacer

 

     Así, pasaje tras pasaje, analogía tras analogía nos muestran que el nacer de Dios es un proceso donde entra en juego el elemento tiempo.

     Asimismo, el proceso del nacimiento físico también encierra un factor tiempo. Cuando el padre engendra y la madre concibe, el óvulo fecundado se convierte en embrión. Pero aún no ha salido del vientre; no ha nacido. Le falta pasar por una etapa de nueve meses, durante la cual el embarazo va progresando. Pero durante este período de crecimiento y desarrollo, es el hijo de sus padres.

     Igualmente, cuando el Padre engendra a un ser humano con su Espíritu (que corresponde espiritualmente al espermatozoide), dicho ser se convierte en hijo de Dios. Ya es hijo de Dios, antes de nacer espiritualmente.

     Pero sigue siendo humano, sigue siendo carne y sangre. Deberá pasar por una etapa (que durará hasta su muerte) de desarrollo y crecimiento espirituales. Se encuentra en la etapa de gestación, que es parte del proceso de nacer. Está dentro de la Iglesia de Dios, pero la Iglesia no es el Reino de Dios.

     La Iglesia se compone de los hijos humanos de Dios, de carne y sangre. Y la carne y la sangre no pueden ver, heredar ni entrar en el Reino de Dios. El Reino de Dios se compone de los hijos de Dios espirituales. El ser humano engendrado por el Espíritu está en el proceso de nacimiento espiritual, pero aún no ha entrado en el Reino de Dios. ¡Aún no ha nacido de Dios!

     Durante su etapa de gestación antes del nacimiento espiritual, deberá crecer y desarrollarse mucho, y adquirir el carácter mismo de Dios.

 

Mayor poder que la energía del viento

 

     Otro pasaje bíblico, que muy pocos entienden, revela nuestro asombroso potencial. Comienza en Hebreos 2, versículo 6. Pero antes, veamos lo que se dice de Cristo en el primer capítulo:

     "Dios, …en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo ['del universo', en otras versiones], y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder…" (Hebreos 1.1-3). Toda potestad, o poder, en el cielo y en la Tierra, ha sido dada a Cristo (Mateo 28.18). Él es ahora el principal ejecutivo del gobierno universal de Dios.

     Ahora veamos Hebreos 2.6, donde se toma una cita de los salmos: "¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él?"

     Sí, ¿por qué el gran Dios ha de interesarse por nosotros los mortales? ¿Para qué nos puso en la Tierra? ¿Cuál es el propósito de la vida, cuál nuestro enorme potencial? Es algo que trasciende en tanto lo que los hombres suelen pensar e imaginarse, que parece realmente increíble. He aquí la asombrosa respuesta, empezando en el versículo 7:

     "Le hiciste un poco menor que los ángeles. Le coronaste de gloria y de honra, y le pusiste sobre las obras de tus manos…" es decir, sobre todo lo creado por Dios.

     "Todo lo sujetaste bajo sus pies. [Algunas versiones dicen 'el universo' en vez de 'todo']. Porque en cuanto le sujetó todas las cosas, nada dejó que no sea sujeto a él". Compréndase bien lo que esto significa: Todo el vasto universo. Pero esto será para los hijos nacidos de Dios:

     "…pero todavía [en esta etapa de gestación] no vemos que todas las cosas [el universo] le sean sujetas."

     ¿Qué es lo que vemos ahora?

     "Pero vemos a… Jesús, coronado de gloria y de honra" (versículo 9). Sí, tal como lo revela el capítulo 1, Jesús ya recibió la administración del gobierno o Reino de Dios sobre todo el universo. Sin embargo, Él está permitiendo que Satanás continúe su obra de engaño hasta que nos llegue la hora de heredar y poseer el gobierno de la Tierra, a la segunda venida.

     Continuemos: "Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor [según otras versiones, al capitán o pionero; el primero, a quien nosotros hemos de seguir] de la salvación de ellos. Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos" (versículo 10-11).

 

Cristo el primer nacido de muchos

 

     Somos, como se dijo antes, herederos de Dios y coherederos con Cristo, como hermanos suyos. Él fue el primero que resucitó a la gloria. Es el primer nacido de muchos hermanos. Ha heredado ya "todas las cosas", el universo. Mientras tanto, nosotros seguimos en la etapa de gestación. Jesús es ahora nuestro sumo sacerdote, que supervisa nuestro desarrollo espiritual y nos prepara para ser reyes y sacerdotes y para gobernar con Él.

     Durante los primeros mil años, reinaremos en la Tierra, porque Él nos hará "reyes y· sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra" (Apocalipsis 5.10).

 

Los primeros mil años

 

     Durante esos mil años, Jesús reinará sobre el trono de su antecesor terrenal, David, en Jerusalén (Isaías 9.6-7). Y "al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones, y las regirá con vara de hierro…" (Apocalipsis 2.26-27).

     Ahora bien, ¿cómo y dónde reinaremos nosotros?

     Jesús dijo: "Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono [en Jerusalén], así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono" (Apocalipsis 3.21).

     Cuando nazcamos de Dios ya no seremos carne humana sino espíritu, y se nos dará gran poder. Como lo reveló Daniel, los santos tomarán los reinos de las naciones y los gobernarán durante mil años.

     ¿Y luego, qué? El pasaje de Hebreos 2 revela que entonces, bajo Cristo, recibiremos poder para gobernar todo el universo, es decir, todas las cosas, pues este es el poder que se le dio a Él, y nosotros somos sus coherederos.

 

Toda potestad: el universo

 

     Muchas personas pasan por alto ciertas afirmaciones esenciales en la Biblia, ignorantes de su enorme importancia. Veamos algunos ejemplos. ¿Había usted comprendido antes la verdadera importancia de los siguientes pasajes de la Palabra de Dios?

     Mateo 28.18: "Y Jesús se acercó y les habló [después de su resurrección] diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra".

     Mateo 11.27: Jesús dijo: "Todas las cosas [el universo entero] me fueron entregadas por mi Padre…"

     Juan 3.35: "El Padre ama al Hijo, y todas las cosas ha entregado en su mano".

     Juan 13.3: Durante la pascua: "…sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba…"

     Juan 16.